ansiedadLa palabra que primero viene a la mente cuando trato de explicar qué es la ansiedad, es «contradicción». El motivo, es que la manera en que habitualmente vivenciamos la temida ansiedad es, por una parte con una intensa sensación de cansancio y desasosiego, acompañada de la fantasía de caer rendidos al suelo de un momento a otro; pero por otro lado, una parte de nosotros se siente incontrolablemente excitada, nerviosa, con el corazón a punto de salir por la boca, hiperventilando en muchos casos o creyendo que así lo hacemos en otros. Es como si quisiéramos salir corriendo porque inconscientemente sentimos que una amenaza nos acecha, pero nuestro cuerpo nos dijera que no tenemos fuerza siquiera para mover un pie.

De hecho, la función adaptativa del miedo (emoción predominante en los estados de ansiedad), es justamente la de ponernos en un estado de excitación que nos permita tener los sentidos a punto para poder captar la amenaza y los estímulos circundantes a ésta, y disponer de un cuerpo preparado para reaccionar y defenderse o huir.

Contrariamente a lo que se suele decir (el famoso «pienso, luego existo»), somos seres «emocionales con “ramalazos” racionales». La ansiedad es precisamente esta contradicción entre lo que siento y lo que razono. La disociación entre lo que una parte de mí quiere hacer, basándose en percepciones, intuición, experiencia, valores…mientras que otra parte de mí escoge racionalmente obviar, negar y reprimir. Así pues, puedo estar recibiendo la agresividad, abuso o invasión de mi jefe y sentir que debería poner límites y no tolerarlo (aunque a veces ni siquiera sea consciente de esa parte instintiva y sana de mí), pero mi mente consciente sólo registra la decisión racional que escoge someterse porque él es el jefe, me paga y no quiero poner en riesgo mi puesto de trabajo. Si ésta situación se repite de forma habitual y es suficientemente importante para mí…¡‘Et voilá’!, tendremos recién servidas las bases de la ansiedad que irá instaurándose y haciéndome sentir cada vez más insegura, desprotegida e incluso enferma.

Síntomas de ansiedad

Algunos de los mecanismos de los que se sirve la ansiedad para afianzarse, y que podrías comenzar a hacer consciente y observar si es que estás padeciendo ansiedad son:

  1. Futurización. Estás adelantándote en el tiempo, lo cual te impide vivir el presente.
  2. Catastrofismo. En esa huída al futuro, posiblemente también estás fantaseando resultados negativos respecto a algo (incluso aunque sean improbables)
  3. Miedo. Producto de tu catastrofismo, estás alerta (miedo) por la sensación de peligro.
  4. Falta de confianza. En tí mismo («no soy capaz»), en el fluir de la vida, en los demás.
  5. Falta de autoescucha. Perder la capacidad innata y adaptativa de sentir, intuir y reconocer lo que nos sucede es algo propiciado por la propia sociedad, que bloquea de este modo el curso natural que siguen la emociones para guiarnos en el camino a nuestro bienestar.
  6. Boicot al disfrute. Si no confío en mi y en la vida, y además vivo alerta por lo que fantaseo que suederá, me niego el disfrute y la capacidad también de liberar negatividad para dejar cabida a la motivación y la confianza de nuevo.

¿Cómo calmar la ansiedad?

Bien, ahora ya tenemos reconocidas las bases y mecanismo que seguramente están actuando para que te sientas ansiosa/o. Pero, ¿qué podría hacer para mejorar mis síntomas? Sin duda, con las reflexiones anteriores, tienes material para observarte, tratar de percatarte de en qué momentos te sientes amenazada/o o qué aspectos de tu vida pueden estar resintiéndose y parecen estar mandándote señales de que debes actuar y tomar decisiones al respecto. Quizá tratar de escribir acerca de estos planteamientos sea una buena manera de empezar a familiarizarte con lo que está sucediéndote. Puedes empezar a preguntarte:

¿ha sucedido algo en mi vida que ha modificado mis planes vitales de manera importante?,

¿hay algo actualmente o de los últimos meses que me hace sentir amenazada/o o especialemente preocupada? Si es así, ¿podría tratar de cuantificar cuánto tiempo me ocupa al día pensar este tema?, ¿creo que esto interfiere significativamente en mi capacidad de disfrutar de lo que antes disfrutaba?

En las próximas semanas, en el artículo ANSIEDAD parte II, profundizaré en algunas de las medidas que podemos adoptar para tratar de manejarnos de una manera más sana con este problema. Hasta entonces, te dejo reflexionando sobre las preguntas y espero que te puedan abrir un poco la conciencia sobre lo que podría estar sucediendo.