psicologia_masculinaComo hombre creo sano que asumamos que nos han otorgado demasiados privilegios. Que vivimos en la hegemonía de la masculinidad y que hay valores de este statu quo que nos empobrecen como seres humanos por estar basados en la desigualdad. Que estamos en la posición del líder con las mujeres a nuestro servicio.

El otro día en un taller de psicoterapia la formadora nos dijo, los chicos estáis educados para resolver la carencia, la necesidad, sin perder un minuto, rápidamente. Es cierto, me da la sensación de que, como hombre, en cuanto siento una necesidad tengo que ir a poner solución, irme a la acción y resolver. De que en la jerarquía se actúa y se compite y a mí como hombre me han puesto en la posición de que ser activo y competitivo. Me veo a mí mismo con el automático de satisfacer todo el día puesto.  Y eso es muy cansado.

Siendo hombres no nos permitimos la pausa. Muchos dirán, la mujer tampoco, y tendrán razón. Solo digo que ser fuerte, tirar (supuestamente) de la familia, ser el proveedor, ser valiente y viril, tomar decisiones, las mías y las de otros, nos pone a los hombres en una alerta constante muy poco sana. Nos hace tener el foco fuera de nosotros mismos y nos perdemos en una exigencia que convertimos en autoexigencia.

Las necesidades de los hombres

La vida es un constante resolver necesidades tanto orgánicas como emocionales. Y, por supuesto, lidiar con las frustraciones, porque no lo podemos todo siempre. Somos, aunque sea redundante, un todo vivo que siente siempre. Da la sensación además de que cuanto menos tiempo necesitamos para satisfacer las necesidades, (en esta sociedad occidental nos es facil proveernos de comida y agua) más necesitamos de las emocionales (faltan como vez más abrazos sinceros).

El primer paso de la cadena de resolver la necesidad es sentirla. Para darle de comer a mi cuerpo primero tengo que sentir hambre pero con la emoción no es tan evidente y la sensación no es tan apremiante. Emocionalmente las sensaciones necesitan más tiempo (al fin y al cabo nadie se muere por no recibir un beso de su madre o de su hijo) para que podamos tener conciencia de ellas y pasar a resolverlas. Y es precisamente lo que los hombres no nos damos. Tiempo.

¿Cómo satisfacer esas necesidades?


Una de las grandes aportaciones del maestro terapeuta Fritz Perls fue el dejarse estar en la confusión, esa zona o momento de falta de comprensión que acompañamos de la necesidad imperiosa por comprender. En este caso el impasse donde empieza a manifestarse una necesidad y la sensación no es todavía clara. Dejarse estar ahí es tolerarse a uno mismo estar confuso y permitirse el momento en blanco. Es difícil, mucho, esa zona causa vacío, ansiedad y desagrado lo que lleva a anteponer la necesidad de salir de ese malestar a la propia necesidad que se empezaba a mostrar. La propuesta de Perls es no resolver. Dice que el único peligro de la confusión es interrumpirla y ponerse a actuar para no estar confusos. Por tanto, maduremos la confusión hasta que la sensación sea clara sin tener la prisa por solucionar. No hay que estar resolviendo siempre. El hay que es una norma social que al asumir como propia puede hacer mucho daño. Aun reconociendo la dificultad, hablando como hombre, estaría bien darnos un espacio para intentar sentir que la orden de resolver viene de fuera y no es nuestra. Y que, con la presión que supone ser un macho, estamos cansados de ir apagando fuegos sin descanso y de quedarnos sin aliento en el día a día. Algunas cosas pueden esperar.