ansiedad-homosexualUn amigo terapeuta me cuenta que está acompañando a un chico de 15 años en el proceso de asimilación y aceptación de su homosexualidad. Dedicamos buena parte de la tarde a charlar sobre el tema intentando poner un poco de orden en diferentes aspectos. Nada que no hayamos hablado ya en realidad, ni nada que no hable cualquiera.

Pero me quedo enganchado en esta conversación, le doy vueltas y me propongo hacer el ejercicio de salir del armario por un rato.

Del virtual porque soy heterosexual. Por lo menos hasta hoy. Ya veremos mañana. Pero hasta hoy soy heterosexual. Y desde el punto de vista heterosexual escribo.

En este post voy a ver si consigo echarle un vistazo a uno de los grandes fantasmas del macho: ser gay. En esta sociedad todavía machista y homófoba en no pocos ámbitos, reconocer cualquier atisbo de atracción de un hombre hacia otro hombre es un ejercicio arriesgado.

He tenido miedo de ser marica. No gay. Marica. Si un amigo es homosexual, es gay. Si yo soy homosexual y tengo miedo de serlo, soy marica o maricón. Buceando por ahí he visto que estas dudas, si son intensas, tienen el nombre de ansiedad homosexual y en personas con ciertas tendencias obsesivas pueden derivar en un tipo de trastorno obsesivo compulsivo. Así que no es tema menor. Que dé un paso al frente quién no haya dudado de su sexualidad, quién no se haya preguntado en algún momento: Cómo saber si soy gay?

Con el paso del tiempo, un poco de atención sobre mí mismo y mis vivencias y lecturas y conversaciones variadas, me da la sensación de que esta crisis en heterosexuales es muy diferente de vivida por homosexuales. Creo que la hetero va de fuera hacia dentro y la del gay de dentro hacia fuera. La del homosexual me parece más un desencuadre de sí mismo con el entorno que provoca esos infiernos de miedo y no aceptación y la del hetero más un miedo a la propia fragilidad y a un no encajar fuera que provoca dudas. Leo que el contacto físico con personas del mismo sexo despierta rechazos distintos en heteros en crisis o en gays descubriéndose. La crisis del homosexual creo que es la que viene de sentir que el Yo más verdadero no encaja en los paradigmas sociales y en las normas aprendidas, mientras que la del hetero es la del normativo/nazi/juzgador/mandón que todos llevamos dentro machacando al resto de nuestro ser diciéndole que si se siente débil o pequeño, que si no encaja, que si no es lo suficientemente macho es porque es marica. Gay= disfuncional= enfermo= afeminado. Si sentir demasiado es de mujeres, entonces si siento demasiado soy homosexual.

Esta diferenciación que hago tiene algo de simplón y quizá no lleve a conclusión alguna. Una crisis existencial es mucho más compleja que esto. Las dos de las que hablo, de hecho, no se excluyen. No es una o la otra. Pueden ser perfectamente una y la otra. Pero simplificar pone de relevancia cosas. Lo cual es una opinión muy científica.

Llevamos un homófobo dentro. Y un machote con ganas de imponerse. Si la crisis de masculinidad tiene apenas unos decenios, no hemos tenido tiempo de asumir en todo su calado lo que esto supone, todos los cambios y esta fase de transición en si misma. Transición y confusión vienen de la mano. Y nos siguen llegando inputs “masculinos” tradicionales que se nos cuelan hasta el tuétano. Incluso a los que presumimos de modernos y tolerantes.

Sin la educación y la sociabilidad no podríamos sobrevivir pero tiene costes. Los dogmas y las normas se enquistan y se enraízan y salen hacia la superficie en los momentos que más débiles nos sentimos. ¿Cómo se me puede ocurrir que la debilidad es sinónimo de mujer? ¿Un gay es una mujer? Qué absurdo. Me considero un tipo abierto con pocos prejuicios sociales. En la superficie. En las capas más internas de mí hay un pequeño dictador que entre otras cosas me llamó maricón un día de mi adolescencia en la que no me encontraba como ser humano.

Con este post solo quiero poner un ejemplo de los juegos retorcidos que tenemos con nosotros mismos. Lo que queremos ser, las normas de lo que debemos ser, lo que nos creemos ser. Si todos estos “yos” no se tratan con bondad la guerra está servida y los campos de batalla pueden ser de lo más incoherentes.