literatura-eroticaEn nuestro cerebro suceden muchas cosas cuando leemos. Aumenta el flujo sanguíneo, se desarrolla el hipocampo y la corteza cerebral, aumenta la empatía y nuestra capacidad de atención, reduce el estrés… entre otros múltiples beneficios. Pero hoy me gustaría hablar de leer literatura erótica. ¿Qué tiene de bueno leer sobre sexo? Parece bastante evidente, ya que el sexo es algo natural. Puede, por ejemplo, aumentar el deseo. La lectura de textos eróticos pueden dar rienda suelta a la imaginación, y también puede conseguir reducir algunos prejuicios. No podemos olvidar mencionar la cantidad de nuevas prácticas, palabras o actitudes que se aprenden durante el proceso, y que pueden provocar estímulos positivos y contribuir en algún modo en la mejora de nuestra vida sexual.

El último verano lo pasé trabajando en una biblioteca pública. Y tras la avalancha por parte de muchos usuarios de peticiones de libros “eróticos” se despierta en mi un olvidado interés por la literatura de este género. Sí, había leído obras como Lolita de Nabokov, Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, El amante, de Duras… pero de repente me pregunto: ¿qué demonios está pasando con este consumo masivo (y cansino) literario, esta epidemia del erotismo en la que, realmente, no hay absolutamente nada nuevo? Modas cíclicas y temporales que en principio pueden sorprender y parecer incomprensibles (a mi al menos muchas veces me cuesta entender ciertos fenómenos editoriales) pero si hay que ser positiva, esa calidad literaria “limitada” puede abrir puertas a grandes obras de la literatura si sus lectores son curiosos y quieren ver un poco más allá.

No he leído el ya más que manido Cincuenta sombras de Grey de la británica E. L. James, y tendrían que alinearse los planetas para hacerlo (y parece ser que lo más cercano que estarán los planetas de alinearse será el 6 de mayo de 2492), pero me bastan breves pasajes en Internet y la película de remate. Más que suficiente, excesivo incluso, creedme (y hablo del primer libro y la primera película, no quiero ni pensar en la recién estrenada segunda parte).

“¿Me recomiendas un libro tipo Cincuenta sombras pero que no sea tan porno, tan… fuerte?”

“¿Por qué tardan tanto en devolver el último libro de Megan Maxwell?” Necesito leerlo, estoy muy enganchada”

Me siento confusa, esas preguntas y comentarios se repiten bastante a lo largo del verano, y veo cómo se forman largas listas de espera para libros… “¿pseudo-eróticos?”, “¿de erótica modosita?”, “¿romanticones con folleteo?” “¿erótico descafeinado?” de sexcritoras de moda como Megan Maxwell, Sylvia Day o Elisabet Benavent y sus Valerias.

Hojeo algunos de ellos (con el previsible resultado de muchos naghhh y buffs) y me invade una repentina oleada de curiosidad por saber un poquito sobre los clásicos eróticos, pero ERÓTICOS DE VERDAD, y pienso que quizá, con un poco de suerte, algunos títulos serán rescatados por unos días de las estanterías de la biblioteca por recomendación mía (qué ingenua) y que de repente las Cincuenta sombras se luzcan como lo que son, sombras. Sombras chungas y estereotipadas de algo ahora llamado por ahí “sadomasoquismo chic”.

libro-eroticoConsulto listas sobre los supuestos mejores libros eróticos de la historia, leo reseñas, consulto blogs, guías de lectura de bibliotecas. Complemento con el muy interesante diccionario Inglés para pervertidos de Venus O’Hara, aprendo multitud de términos como ballgag, hogtie, nipple clamps, hammerlock, whipping

Y al final de todo este proceso la lista de obras y autores es demasiado larga, así que muchísimos siguen pendientes, pero aquí van las lecturas de mi particular largo y cálido-tórrido verano.

  1. HISTORIA DE O. PAULINE RÉAGE (1954)literatura-erotica

Este libro tenía ganas de leerlo desde que escuché su título en una canción de mi querido Damien Rice. Se centra en una relación sadomasoquista y nos sumerge con una impactante soltura en el mundo BDSM.

 

  1. FANNY HILL. JOHN CLEALAND (1748)libro-romantico

Considerada la primera prosa pornográfica inglesa, Cleland narra la historia de una muchachita campesina que entra engañada a un prostíbulo de Londres. El autor la escribió mientras estaba preso, y es uno de los libros más censurados de la historia.

 

  1. EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY. D. H. LAWRENCE (1928)libro-erotico

Prohibida en su época por su descripción explícita del acto sexual, no se publicó en el Reino Unido hasta 1960. La protagonista es Constanza, una mujer que a causa de su frustración sexual al estar casada con un hombre de clase alta parapléjico, inicia una relación con un obrero.

 

  1. TROPICO DE CANCER. HENRY MILLER (1934)

libros-eroticosMiller explica su vida en el París de los años 30 en la que combina autobiografía y ficción. La edición en 1961 en los Estados Unidos hizo que se celebrara un juicio por obscenidad.

Y claro está, no todo tiene que ser novela. Aprovecho también para sumergirme fugazmente en la poesía erótica, en concreto con una antología a cargo de Javier Ruiz Portella, Deslizamientos sigilosos del placer y Poesía erótica y amorosa, de Clara Janés.

“Sus yemas insaciables se centran en la vulva,

inician una nueva oración,

la columna destella espasmos acuciantes,

mientras tensan, comprimen, ahondan ambas manos,

el zumbido ensordece delirante el oído,

por la garganta exhala la paloma del seno

y cae su cabeza ensortijada,

desbordada, rugiente,

devorante, en mi pecho”.

(Clara Janés)

El caso es que no conseguí mi objetivo de que los clásicos eróticos se fueran de vacaciones y que de paso alegraran y/o desconcertaran y/o perturbaran a sus lectores, no pudo ser. No encontré los usuarios adecuados o yo no fui capaz de venderlo bien, y mis intentos de ver viajar a los clásicos fueron en vano. Me ganó Valeria y sus zapatos, me ganó la Maxwell, me ganó la Day. Triste.

En resumen, un verano muy erótico e instructivo. Leer es bueno. Leer es sexy. Viva el placer consentido y con sentido.

Para terminar,  aquí tenéis un artículo sobre diez joyas de la literatura erótica y un interesante recorrido histórico.

 

Elisabet Sinovas