FIDGET SPINNER CON RECETA MÉDICA.

fidget-spinnerEl Fidget Spinner es el nuevo juego de moda entre los niños. Se trata de un aparato que gira de forma similar a la de una peonza. El pequeño juguete que simula la forma de un dron, consiste en un eje central por el que sostener con los dedos el artilugio y del que parten tres brazos para hacerlo girar.
Hasta aquí, todo parece normal: otra moda que corre como la pólvora entre niños y adolescentes y que pronto pasará a la historia. Lo que me ha llamado poderosamente la atención de este juego es la manera en que se comercializa: “juego anti estrés”, “mantiene ocupados a los niños y calma su ansiedad”, “el sustituto del móvil”

 

La primera vez que leí este tipo de anuncios, pensé que se trataba de un nuevo ‘gadget’ para adultos. Pero mi sorpresa llegó al ver que ese mismo día que tuve noticia pro primera vez del invento, la mayoría de niños de mi entorno ya sentían la necesidad de tenerlo. Aunque lo cierto es que un gran número de ellos ya lo hacían girar en sus manos. Tras informarme un poco mejor, mi sorpresa aumenta al descubrir que en EEUU, donde un 11% de los niños entre 4 y 17 años tienen un diagnóstico de hiperactividad, el Fidget Spinner ha tenido especial éxito ya que se venden bajo el argumento de que ayuda a mejorar la concentración.

spinner

¿NIÑOS ESTRESADOS O NIÑOS FRUSTRADOS?

¿Cómo es posible que lo utilicen niños si se vende como anti estrés? Tras plantearme esta pregunta, decidí trasladársela a los niños  de entre 8 y 9 años con los que trabajo, y comprobar qué pensaban al respecto.

-“Claro, ¡estamos muy estresados!”

-“Nos estresamos porque tenemos muchos deberes”

-“A veces cuando pierdo un partido de futbol, me estreso”

-“¡Es muy estresante que no me salgan los ejercicios de mates!”

 Estas fueron algunas de sus respuestas. Llegados a este punto, es necesario clarificar el significado de la palabra estrés.

estrés.
Del ingl. stress
1. Proceso que se activa al percibir una situación como amenazante o que desborda los propios recursos, es decir, cuando sentimos que cargamos un peso mayor del que podemos soportar.

Siguiendo la lógica de la definición, parece que los niños sienten que un partido de futbol perdido o un ejercicio de mates que no saben resolver, es algo que les produce un malestar considerable. Parece también que ante esto que no saben bien como nombrar, cogen prestado el término estrés a los adultos. Desde mi punto de vista profesional, la banalización del término estrés y su uso en un contexto publicitario como el del Spinner, valida esta atribución que los niños han absorbido del mundo adulto y que la sociedad acepta y refuerza con este tipo de mensajes. Se trata de vaciar de contenido y reproducir una palabra-carcasa como se reproduce el último vídeo viral por las redes. Puede que suene inofensivo al relacionarlo con un juego de moda pasajero, pero este funcionamiento se vuelve peligroso en el momento en que se utiliza para convertir en “bienes de consumo” vacíos de sentido cualquier objeto o incluso idea que rodea a los niños y adolescentes. Por tanto, es un error no detenernos a reflexionar acerca de lo que subyace a este malestar que parecen mostrar los niños. Bajo mi punto de vista, las dos variables acerca de las que deberíamos pararnos a pensar cuando un niño dice estar estresado son:

1. Tolerancia a la frustración a la baja. Si volvemos a la definición de estrés, vemos que lo que activa la alerta del malestar es el resultado negativo de valorar nuestra capacidad de hacer frente a una situación. En este sentido, nuestra tolerancia a frustrarnos si no conseguimos un objetivo jugará un papel importante ¿Estamos preparando a los más pequeños para afrontar sus propias limitaciones o las del ambiente? La respuesta es que seguramente no, ya que cada vez nos cuesta más poner límites.
Por otro lado, es curioso observar que los juegos que más se popularizan entre los niños son cada vez más estructurados y sencillos. Observemos por ejemplo la tradicional peonza. La evolución de la misma ha ido desde la clásica de madera que requería tiempo de práctica y destreza, además era sencilla, habitualmente sin pintar y eran muchas veces los niños quienes la decoraban con rotuladores que todos tenían en casa o en el cole. Años más tarde, la peonza se convirtió al plástico, también se utilizaba un cordel para hacerla girar pero se facilitaba la tarea al tener la punta giratoria. La decoración sencilla o casera, pasó a convertirse en deslumbrantes luces y sonidos (de distintos niveles en función del precio que se pague por ellas) que provienen del propio artilugio y que alejan la fascinación hacia este juego de la propia capacidad del niño que la usa. Posteriormente, incluso aparecieron otras que se hacían rodar a través de un mango con el que practicando un sencillo movimiento se podía hacer girar la peonza sin mucho esfuerzo. En la actualidad, el Spinner se considera la nueva peonza, y como explicamos al principio, reduce drásticamente la habilidad que se requiere para usarla. Se trata de una distracción más pasiva, más cercana a la rueda en la que gira el hamster -sin apenas ser consciente de lo que hace- que de un juego infantil.

HiperactividadFrustracion niñosEstres niñosSpinner-Para-El-Autismo-TDAH
2. Niños nacidos en la era digital, niños multitarea. Los niños y adolescentes de la actualidad, también llamados milennials, ya han conocido el mundo sosteniendo una pantalla entre sus manos. Así mismo, han aprendido de los adultos que esos aparatos digitales son objeto de deseo y que sirven para comunicarse, jugar, comprar e incluso sustituir las relaciones y el contacto. Ejercen como niños multitarea: con horarios muy reglados durante casi una jornada laboral adulta, más horas extras (extraescolares más deberes en casa) y atención constante a una secuencia de profesores que desfilan suministrando información mientras ellos la reciben pasivamente sentados en su silla. Estamos enseñando a los niños a funcionar de este modo, con el piloto automático, en los años de mayor aprendizaje y desarrollo emocional y de su personalidad. Decía el sociólogo Zygmunt Bauman: “somos solitarios en contacto permanente”. Estamos disponibles permanente para lo externo pero desconectados de lo interno. Nos asusta parar, y tampoco sabemos cómo se hace. Así pues, imaginemos qué sucede cuándo un niño se ve obligado a detenerse y plantearse en qué ha fallado en un problema de mates, o qué es lo siente cuando su equipo pierde un partido. Pensemos en ese niño cuándo se frustra, ¿tiene alguien realmente disponible a quién acudir para que recoja su angustia o le ayude a pensar/sentir? De no ser así, sabemos que alguna pantalla amiga ofrecerá un sinfín de posibilidades para evadirse y hacerle creer que si distrae su mente un rato, la frustración dejará de existir.

¿TENGO QUE PREOCUPARME SI MI HIJO/A JUEGA CON LA SPINNER?

Antes de acabar esta reflexión, me gustaría aclarar que el objetivo de este artículo no es plantear si es bueno o malo utilizar este nuevo juego de moda. No se trata del artilugio en sí mismo sino del uso y su significado. De hecho, me consta que hay niños que hacen maravillosos trucos con la Fidget Spinner, así como posiblemente los aprendieron con las anteriores generaciones de peonzas. Posiblemente, estos niños han puesto a prueba su paciencia, se han frustrado alguna que otra vez pero en el camino han encontrado una voz adulta que los ha animado a seguir intentándolo. O quién sabe, quizá han sabido reproducir esa vocecita interna que un día fue aquel profesor que le ayudó a aprender de sus errores de matemáticas. O ese papá que le explicó que es normal sentirse triste cuando las cosas no salen como uno querría, y que de todos modos parecía feliz intentándolo mientras jugaba.